By José Quintero

El universo y amables planetas que lo habitan

I Los planes del universo

En el periodo comprendido entre 2011 y 2014 atravesé una de mis mejores rachas creativas y vitales. En ese lapso edité o reedité al menos un libro por año y pude construir una estructura administrativa que si bien era precaria, permitió seguir adelante con mis proyectos. Después de imprimir sucesivamente El Pote, Flor de Adrenalina, 13 Muertes de Buba, la colección de flipbooks Mono Cinético y los volúmenes 1 y 2 de Buba, me dispuse a editar un nuevo libro -esta vez de ilustración- para dar inicio a la segunda etapa de mi odisea editorial formada por obras de factura reciente y no por material “viejo” o rezagado, fruto del trabajo dibujístico de mis años de juventud. Esa fue mi determinación -publicar un nuevo libro-, pero el universo tenía otros planes.

En el último tramo de 2015 pasé dos crisis dolorosas. La primera fue de salud, pues fui hospitalizado de urgencia para extraer de mi cuerpo una vesícula reventada que hizo de mi tórax un auténtico chiquero; Esta intervención quirúrgica me sacó de la jugada por tres o cuatro meses y dejó como recuerdo imborrable las costuras de una cicatriz cosida con malas maneras. La segunda crisis (más dolorosa, más triste y aún más aparatosa) fue emocional y me dejó convaleciendo durante mucho, mucho tiempo. Apenas el año pasado dejó de ser una dolencia cotidiana pero de algún modo sigue ahí, como una cicatriz invisible que va desde el chakra raíz hasta el de la conexión espiritual. 

He tardado mucho tiempo en sanar, aunque en realidad uno nunca sana del todo. Durante ese lapso -que se mide en años- fui incapaz de retomar mi proyecto editorial y/o de concretar una nueva publicación. Escribí, dibujé (reescribí, redibujé), hice pactos y propuestas de ganar-ganar con entidades invisibles. Sentí una forma inédita de angustia, comencé a usar lentes para vista cansada y -junto con mi cumpleaños número 50- sentí la sombra de la vejez oscureciendo el horizonte como un atardecer con horario de verano. También apareció en el mundo -no sé si están enterados- una pandemia nivel Dios que me dejó sin trabajo, sin ingresos y sin esperanzas pero eso sí, con cubrebocas.

Fue entonces que el universo puso en mis manos un pétalo de rosa como quien deja caer una limosna.


II Habemus planeta

En septiembre del 2021 finalizó la campaña de fondeo para la impresión de una nueva criatura editorial que habría de sumarse a mi famélico acervo autoral. La campaña corrió con buena fortuna, el libro en cuestión se terminó de imprimir en octubre del año pasado y los ejemplares de los fondeadores se entregaron entre noviembre del 21 y enero de 2022. 

Este brevísimo resumen da contexto suficiente para presentar de manera pública al Planeta Buba, mi tercer libro de historieta y el sexto en el paupérrimo catálogo editorial de Mono Barroco

He hablado tanto de este proyecto (antes, durante y después de la campaña de fondeo) que me resulta empalagoso volver a hablar de él. Sin embargo, en ánimo de promocionar su venta (que alimentará tanto mi espíritu como mi estómago) escribo las siguientes lineas.   

El Planeta Buba es un libro sui generis, anómalo entre mis trabajos porque es el único que echa mano de recursos narrativos y no de la poética-visual. Aborda centralmente un tema que ha ocupado mi mente desde la juventud: la muerte de Dios; Pero no lo hace de manera trágica sino de forma lúdica y desenfadada. Utilizando figuras arquetípicas, equilibrando elementos oníricos, simbólicos y haciendo uno que otro guiño filosófico dentro de una narrativa fluida y no carente de sentido del humor. Es un libro simple y de amena lectura que toma prestados conceptos del ámbito filosófico y los pasa de cachirul a través de Buba, mi ya emblemático personaje. 

Gráficamente es un libro vistoso, elegante y por momentos grandilocuente. En sus páginas utilizo una paleta limitada a seis colores planos (incluido el blanco del papel) y eso es suficiente para desplegar atmósferas y escenarios dignos de la narrativa metafísica que ahí se cuenta. Como se trata de una historieta muda, el dibujo adquiere un nivel preponderante y el color se vuelve también una herramienta narrativa.

Finalmente, destaco el cultivo de ese tono ambiguo que me permite ser profundo, barroco y simplón a la vez. Disfruto como prieto el hecho de que el lector desconozca si lo que digo es en serio o en broma, que a nadie -ni a mí mismo- le conste el compromiso emocional de lo que allí se dice, de lo que allí se dibuja, de lo que allí se drena.

Y me siento (¿cómo no?) feliz de volver a las filas de los publicados. Más aún, me siento orgulloso de esta independencia editorial conseguida hombro a hombro con quienes me apoyan y me honran con su lectura, al margen de los criterios mercantilistas y de las agendas culturales del estado. Lo digo más claro: no le debo nada al hipercapitalismo biznero y neoliberal ni a los criterios rancios y doblemoralinos de las camarillas culturales de la 4T (proyecto político con el que, no se confundan, comulgo en lo sustancial).   


III Los nuevos planes de un universo voluble

Ya hablé de la sequía editorial que malviví desde el 2014 hasta el finado 2021. Siete años terribles en los que -sin embargo- no dejé de escribir, dibujar y proyectar nuevos libros. Y aunque al final me haya decidido por un viejo fanzine (el Planeta Buba en blanco y negro del 2000) para re-elaborarlo y encarnarlo en papel couché, aquellos nonatos editoriales siguen tomando forma en silencio y esperando su momento de salir al mundo. 

En un par de semanas comenzaré con una nueva campaña de fondeo para poner a consideración de los amables lectores y lectoras la viavilidad de mi próximo libro. Espero contar con su apoyo y retomar esa bonita tradición de publicar un libro cada año; no por el hecho mismo de la publicación, sino porque considero que aún tengo muchas cosas qué decir y (perdón por la inmodestia) la mía es una voz que hace falta en nuestro ecosistema cultural.

Pongo mi destino en las manos del universo y dejo a su enigmático criterio mi fortuna. En el inter seguiré dibujando, escribiendo y practicando mis escalas pentatónicas.

Los invito a leer el Planeta Buba, aprovechando que estreno una tienda virtual, modesta y cutre pero operativa. 

Abrazo caluroso

JQ

By José Quintero

Planeta Buba en el corazón de Puebla

A finales de octubre del finado 2021 convocamos con bombo, platillo y guitarra eléctrica a la presentación del Planeta Buba, otro libro para todos y para nadie. El epicentro de esta celebración editorial ocurrió en Musa -que es lo mismo una cafetería, restaurante, centro cultural y ombligo de la próxima revolución de las conciencias- en el corazón de Puebla capital.

La asistencia fue poco menos que modesta. La ciudad de Puebla me ha recibido de manera tibia pero justa. Bien hace en tratar con recelo a aquél que la camina de manera prejuiciosa, hipercrítica y reticente: desamor con desamor se paga.

Sin embargo, en el transcurso de aquella noche hubo instantes memorables y reiteradas muestras de afecto. Hubo –hubo del verbo a ver– la presencia de gente a quien quiero y respeto (algunos con nombre y apellido, algunos no) como Elvia Alejo -presidenta de la república de Musa-, la querida Gaby, el buen Puma Rojo, una chica de 14 años que abrió su corazón con voz quebrada, amigos y amigas al por mayor y -finalmente- un texto notabilísimo escrito por mi amigo y camarada Erick Parraguirre.

Parraguirre -amigo de copas, reflexiones y sinsentidos- es un poeta, dibujante, ensayista y lúcido escritor a quien admiro y aprecio, particularmente cuando paga la cuenta sin chistar. Litros de alcohol y litros de amena charla (¿?) han fluído de manera fluida en interminables sobremesas y chats. Sesudas reflexiones e infumable jerigonza pueblan nuestras poblanas conversaciones. 

Comparto orgullosamente sus reflexiones en torno a mi más reciente libro y lo celebro elevando una copa (imaginaria o no) de tequila (adulterado o no) a la salud de este nuevo planeta (de atmósfera habitable o no).

   Va con todo mi afecto, camarada.


Planeta Buba (ahora en libro)

Conrado Parraguirre

La presentación de un nuevo libro de Buba 

conlleva una gran responsabilidad. 

En el precario mundo de la narrativa gráfica nacional, revisitar las obras es indicativo de su buena salud. Sobre todo si su realización es posible gracias a la ciberdemocracia del fondeo, en donde la gente —la banda solidaria, el pueblo bien informado— es quien determina el éxito de los proyectos. Tal es el caso de Planeta Buba, que pasó de ser un modesto fanzine en blanco y negro, a convertirse en un librito hecho y derecho, a color y con audio en Surround Sound System.

Esta nueva versión remasterizada relata la génesis de Buba, quien fue expulsada de una excrecencia del Todopoderoso, donde parece insinuarnos, a la manera del escritor soviético Isaak Bábel: “Nosotros somos un escupitajo de Dios. Nuestro destino no vale un céntimo; nuestra vida exactamente lo mismo”. Porque la Buba puede ser así: altanera, caprichosa y orgullosa; frívola y aventurera; o lépera, cursi y de azote existencial.

No por nada se ha convertido en un personaje entrañable dentro de la historieta mexicana (y sus alrededores). Prueba de ello es la cantidad de seguidores que se encargan de mantenerla vigente, pues a Buba se le puede encontrar paseando en un sticker dentro de los vagones del metro, observando desde un grafiti en alguna barda de ciudad, acompañando a sus acérrimos fans sobre el lienzo de su piel, custodiando la entrada de un bar de mala muerte, o bien, al interior de algún café cultural de buena muerte (porque hasta para morir hay estilo). Aunque del mismo modo, es posible verla en lugares más formales, como los libros.

La presente edición de Planeta Buba demuestra que el tiempo puede ser un buen aliado, pues la diestra pictórica de José Quintero también evolucionó para darle otro cariz a la obra. Pero el progreso no es únicamente en el apartado gráfico ya que con la decisión de añadirle más páginas, consiguió una prosa ágil, es decir —para los entendidos en el noveno arte— un buen ritmo narrativo entre la secuencialidad de las viñetas, lo que resulta en una lectura fluida y amena, aunque no por eso rápida, ya que dentro se podrá encontrar la clásica mitología Bubiana, que consiste en páginas con carga simbólica, y alegorías propias del microcosmos del personaje, las cuales podrían pasar inadvertidas en un primer vistazo.

Por otra parte, la brevedad de la obra es un acierto que permite regresar a su lectura más de una vez. además de ser un mérito, pues como apuntó el poeta Charles Baudelaire: “Lo breve exige mayores esfuerzos que lo prolijo”. Encima, lo sucinto del trabajo es solo aparente, dado que al prescindir de textos y explicaciones, el lector puede darle rienda suelta a la imaginación y proponer distintas significaciones. Algo parecido a las alegorías oníricas desarrolladas por Jim Woodring en su historieta Frank.

Una interpretación somera de Planeta Buba puede ser aquella en que el conocimiento — encarnado en la sierpe de Nietzsche— consigue abrir el tercer ojo e iluminar a nuestra protagonista, o dicho más propiamente, ponerla al tiro; a fin de emanciparla del dogma religioso. Atendiendo así lo propuesto por quien escribió el mamotreto del Capital: “La crítica de la religión es la premisa de toda crítica”.

Y aquí, metiendo la idea un poco con calzador, tal vez exista otra lectura subyacente a dicha crítica, con un guiño a las ideas decolonizadoras derivadas de la filosofía de la liberación. Pues la religión ha fungido como un dispositivo colonial bajo el supuesto de su universalidad (y buena onda). Por lo que con el pretexto de un altruismo desinteresado, “el sujeto occidental –dice Abdennur Prado– se otorga a sí mismo la misión civilizadora de ayudar a los pueblos atrasados a salir de las tinieblas de la ignorancia a la luz de la razón científico-técnica”.

Ante esta lectura, quizás se pueda objetar la aparición del filósofo-homicida de Dios como representante del colonialismo occidental, sin embargo es posible pasarlo por alto si consideramos que la crítica decolonial se desprende del propio cuestionamiento epistemológico de occidente. Algo así como el símbolo de Uróboros, a saber: la serpiente en forma de ocho devorándose a sí misma. Ya el escritor Leonardo Da Jandra ha dicho que “la razón sólo puede establecer significados, jamás verdades; la verdad de las cosas es incognoscible, por eso es que todas las filosofías que pretenden poseer la verdad son falsas”.

De cualquier forma, cada lector podrá aportar su propia interpretación del libro, el cual no pretende ser un tratado filosófico, sino una invitación a imaginar y reflexionar en torno al universo de Buba. Quien en una provocación, producto de la casualidad, decidió reaparecer en Puebla; ésta ciudad mocha y conservadora, con una historieta que muestra el suicidio de Dios. Y aquí sí habrá que concederle “a la provocación un alto valor filosófico”, como deseaba el filósofo Louis Althusser. Sobre todo en estos tiempos aciagos, complacientes y carentes de crítica, donde la rebeldía parece haber sido secuestrada por la tecnología y las redes sociales.

Celebremos pues, este atisbo vital del Espíritu Reacio en un personaje iconoclasta, que a través de su libre albedrío parece decirnos, al estilo de Joseph Roth: “Dios no está ahí, el cielo está vacío y las estrellas son frías, lejanas y crueles, y puedes hacer lo que tú quieras”.

Ciudad de Puebla, 30 de octubre de 2021

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