by José Quintero

Y de pronto descubro que soy un blogero consistente, entendiendo -claro está- que la consistencia radica fundamentalmente en la no claudicación. Comencé a publicar en este espacio desde mayo del 2006 y aquí sigo, bien que mal, dejando rastro de algunas peripecias mentales y emocionales más o menos relevantes. Aquí donde me ven, celebro diez años de impudicia emocional. Aquí donde me ven, celebro diez años de verdades y mentiras a media asta. Aquí donde me leen, celebro diez años de iletrados balbuceos, oníricos sueños y arquetípicos símbolos -dijera El Profeta de la Opuntia ficus-indica, y a quien entienda esta oscura referencia ochentera le debo una cerveza harto renegrida-.

Suelo publicar poco, no tengo mucho tiempo (a veces ni ganas) para alimentar el blog de la forma en que es precisa, lo cual es bastante jodido porque tengo atoradas un montón de ideas y reflexiones vitales que corren el riesgo de perder timing y sentido y ganar -por el contrario- toxicidad. Pero he sido consistente en la medida en que mis circunstancias lo permiten o, dicho más honestamente, he sido consistente en la medida que mi carácter inconsistente lo permite.
¿Tendrá sentido seguir pensando en voz alta y transcribiendo estos balbuceos aptos para ningún público? No tengo la menor idea pero aquí sigo blogueando ideas, tuiteando ideas y  feisbuqueando ideas, es decir, viralizando mamadas. Me pregunto (conozco la respuesta, pero igual me lo pregunto) si no escribiré esta sarta de palabras solamente para dejar constancia de que “dije lo que tenía que decir”. Me pregunto si no será esta una manera de decir que cubrí el expediente al hablar honestamente de cara a un público minoritario y amorfo, cuando “amorfo” es un eufemismo para aludir a lo “desfigurado” (pero eso queda entre ustedes -público amorfo- y este autor desfigurado).
Siempre pensé (y aún lo pienso) que de entre todas las aberraciones de la virtual socialité, la virtualidad blogera es una de las menos indecentes. Desprecio secretamente a Facebook, desprecio discretamente a Twitter y siento abiertamente que el formato del blog mantiene cierta dignidad espacio-intelectual que redime a quien escribe y a quien lee. Es como si la inmediatez a ultranza fuera -al menos para quien esto escribe- un defecto, o como si la urgencia de necedades segundo a segundo fuera una vocación, un imperativo y una credencial de enmierdamiento social que… no sé, llamadme arcaico, pero el canto me despeja.

Esto me recuerda que hace algunos días di de baja mi cuenta personal de Facebook y que  estoy feliz de haberme borrado de aquella deshonrosa geografía. Estoy feliz de estar solo, estoy feliz de mirar cínicamente a un espejo que devuelve la cínica mirada. Estoy feliz de haber quitado un falso reflector sobre mi inmundicia personal. Estoy feliz de reconocerme nada entre la nada. Estoy feliz de reventar mi mundo (menos a ella, que también era mi mundo) en mil pedazos.

Pero basta ya: mal celebro con mezcal y cerveza oscura estos diez años de mierda mal digerida y ángeles nacidos por cesárea.
Y que ruede la rueda (y que ruede hacia adelante, como dijera mi querido pero envilecido colega)

Quintero
About Quintero
Dibujante autodidacta, domador de historietas, cultor del verso, del ripio y del axioma, artista siempre abismado en las grandes incógnitas del ser humano.

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Y que ruede la rueda