by José Quintero

Ya había comentado por aquí y por allá, en esos caminos sembrados de migajas existenciales que son las redes sociales y que, en lugar de rutas de virtud, han terminado siendo verdaderos estercoleros del alma; ya había hablado —insisto— acerca de la crisis existencial por la que atravieso y de la que no voy a decir palabra alguna, como sí lo haré de la profunda crisis creativa que ha dejado como secuela.

No voy a hacer una apología de la crisis, pero en su defensa diré que nadie en su sano juicio puede permanecer estructural y emocionalmente indiferente a este profundo trance, a este agónico impasse. Lo más lógico y coherente que pueden hacer tanto los racionalistas de hueso colorado como los afectos al pensamiento mágico de güevo colorado, es reproducir de manera fractal este colapso.

Yo, particularmente, me siento colapsado. Yo, particularmente, me asumo en crisis.
¿Y qué significa asumirse subproducto de la crisis? No tengo la más puta idea, pero supongo que tiene que ver con saberse morona de un mundo que se desmorona; madeja de un mundo que se desmadeja y desmadre de un mundo que se desmadra.
Pero seamos serios y puntuales. Noto la crisis en mi incapacidad de responder gráficamente (esto es, discursivamente) a un complejo de circunstancias que inhiben, colapsan y rebasan mi capacidad de respuesta. Noto la crisis en mi incapacidad de tirar una linea certera, en mi incapacidad de escoger una paleta de color precisa, en mi incapacidad de proyectar fidedignamente mis imágenes mentales, en mi incapacidad de… ¿de qué mierda estábamos hablando?
Ah, sí. Crisis… hermosa palabra.

Hay algo más que puedo decir respecto a este tema: las crisis existen para ser resueltas. No hay atrocidad mayor que hacer de ellas una forma de vida estable. Toda crisis es la manifestación de un conflicto interno y, en ese sentido, es neutra: ni buena ni mala, y en cualquier caso, útil en la medida que revela el conflicto subyacente.

Para que no se diga que mi autocrítica feroz me rigorea más de la cuenta, para que no se cuente que no puedo darme palmaditas en el hombro de vez en cuando, he de decir que las ilustraciones que ornamentan este post (eso es lo que vine a comentar y ya lo estaba olvidando) son un buen ejemplo de crisis en vía de ser resuelta. Comencé dibujando esta trilogía de símbolos con un estilo inadecuado y profundamente insatisfactorio, sin la fluidez que pedían las propias láminas. Afectado de rigidez, seco, aburrido, produciendo imágenes (por así decirlo) sin alma.
Así transcurrió una semana hasta que de pronto, sin decir “quítate que ahí te voy” surgió el tipo de trazo exacto que el instinto me había estado susurrando durante días. El mismo brazo que había librado feroz batalla con el Manga Studio, encontró en Photoshop la tranquilidad y el descanso del guerrero. Dejo esta sarta de screenshots como feliz testimonio de esta pequeña batalla con saldo favorable, de esta crisis higiénicamente conjurada, de esta ex-crisis… (hermosa palabra).

Quintero
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Dibujante autodidacta, domador de historietas, cultor del verso, del ripio y del axioma, artista siempre abismado en las grandes incógnitas del ser humano.

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Crisis, hermosa palabra