by José Quintero

Así las cosas. Dejé de colaborar en la nueva era de La Mosca por incompatibilidad absoluta no tanto con la postura política de Hugo García Michel, su director, sino por el hecho de que esa postura contaminara el perfil de la revista y los volantazos hacia la derecha llevaran en esa dirección al resto de los colaboradores (en el primer número casi me disloco un hombro y se me sale el relleno cremosito).

En vísperas de la tercer aparición de la revista envié mi cartón de Buba que incluía una referencia a Milenio Diario, el periódico en el que escribe Hugo y, según me dijo, varios de sus amigos y otros colaboradores de La Mosca. Me pidió amablemente que cambiara esa viñeta y le dije que no. Me explicó los motivos por los que le parecía inapropiada su publicación (motivos personales) y le dije que era un chiste o referencia del que yo me hacía responsable y que a estas alturas me he ganado el derecho a decir lo que quiera. Considero que Milenio es un diario vendido, que funge como correveydile del sistema -lo cual no quiere decir que todos sus colaboradores lo sean, conozco al menos un par de personas respetables publicando ahí- y aunque estuviera equivocado igual tengo derecho a decir lo que pienso. Ahí terminó mi relación laboral con La Mosca y con Hugo. Hoy terminó lo poco que quedaba de mi relación personal con ambos.

Recientemente tuvimos un agrio intercambio de lineas en Facebook, a propósito de una de sus irresponsables y banales reflexiones políticas. Es verdad que lo estuve jodiendo un poco y me bloqueó, pero también es verdad que las abominaciones que salen de su teclado hacen referencia a gente que piensa como yo, así que de alguna manera me tocan las pedradas. Después del bloqueo mi patética iracundia salió a relucir y publiqué una serie de comentarios muy violentos y léperos acerca de Hugo y la revista. Lamento las palabrotas pero sostengo el espíritu de mi crítica y creo que merezco estar molesto, que no es lo mismo que iracundo (okey, okey, ya entendí) aunque ambos debemos cuidar ese tipo de exabruptos en espacios públicos. Lo cierto es que si no me hubiera bloqueado él, lo hubiera tenido que declarar inexistente yo mismo en algún otro momento.

La opinión personal de Hugo me la reservo para rumiar en privado. La de su trabajo como columnista -que es público- la externo muy brevemente y de manera más o menos críptica. Cada quien tiene derecho a pasar a la historia y a ser recordado (si es recordado) como quiera. Cada quien puede tener la postura política que guste y a hacerla pública (faltaba más) pero que no espere que la gente le respete si él se esmera en faltarle el respeto. Cada uno escoge cómo ganarse el pan que se lleva a la boca y el papel de baño que se lleva a la cola. Yo, personalmente, escojo una columna que se publica en cierto periodicucho y que sólo sirve para fomentar el odio hacia todos aquellos que no agachan la cabeza ni entregan la dignidad y el esfínter a su cleptócrata de confianza.

Y hablando de tareas nauseabundas, la chamba principal de los grandes flatos, perdón, las grandes plumas de Milenio es bastante sencilla: repetir matrices de opinión. Les recomiendo de la manera más atenta y entusiasta que se tomen el tiempo para escuchar la charla de Carlos Fazio y Jorge MansillaTerrorismo mediático”; para entender a detalle cómo operan los medios masivos de condicionamiento de masas. Por ahí se menciona a Carlos Marín, a Ciro Gómez, a Brozo y demás próceres del chayote. Imperdible y edificante charla, les doy mi palabra de que les va a ser de mucha utilidad.

Ya de salida comentaré, para no dejar nada sobre la mesa (además del hígado) que sigo teniendo un gran aprecio por la primer época de la revista, que fue un espacio invaluable para mi crecimiento profesional y que, sin falsa modestia, se que contribuí a hacer memorable.
Dios tenga en su santa gloria a esa vieja, noble Mosca y que colme de la materia fecal que tanto gusta a su especie a la triste y lamentable Mosca actual.

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Dibujante autodidacta, domador de historietas, cultor del verso, del ripio y del axioma, artista siempre abismado en las grandes incógnitas del ser humano.

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Incompatibilidad de menesteres